Texto científico

¿Dos o más identidades?
 (personalidad múltiple)


RESUMEN:
Este artículo ha sido realizado con el objetivo de hacer una selección analítica de la literatura básica con el fin de establecer, en algún grado, el estado actual del conocimiento sobre Trastorno de identidad disociativo (personalidad múltiple), como sus síntomas, causas y criterios diagnósticos.

PALABRAS CLAVE: Trastorno de identidad disociativo, personalidad multiple, psicología.

INTRODUCCIÓN:

Esta patología  ha sido conocida a través de los años bajo la denominación de “Personalidad Múltiple”, ya que, este trastorno se caracteriza por la existencia de 2 o más identidades, que controlan el comportamiento del individuo de modo recurrente, en donde, además existe una incapacidad para recordar información personal importante, que es demasiado amplia para ser explicada a partir del olvido ordinario. Corresponde al espectro de los Trastornos disociativos, los cuales se caracterizan por una ser una “alteración de las funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno.  Esta alteración puede ser repentina o gradual, transitoria o crónica” (DSM-IV)
El trastorno de identidad disociativo  es el resultado de una falla en la integración de varios aspectos de la identidad, la memoria y la conciencia, en donde, cada personalidad que posee el individuo se vive con un nombre, imagen, historia personal e identidad distintos. Hay una personalidad primaria que corresponde a la identidad verdadera del sujeto, la que se caracteriza por ser pasiva, dependiente, culpable y depresiva, en cambio, las demás personalidades en general poseen nombres y rasgos que contrastan con la personalidad real del individuo.


CONTENIDO:

Definición del concepto de personalidad

Clonniger (1998, referenciado por Téllez, Tabrda y Burgos, 2003) define la personalidad como la organización dinámica de los diferentes sistemas psicobiológicos del individuo que permiten una mejor adaptación, y cuya organización depende de la maduración neurobiológica, las experiencias interpersonales y afectivas, y la incorporación de normas sociales. Sus investigaciones, apoyadas en el Modelo de Rasgos, expresan que los eventos internos y externos hacen parte de un fenómeno multidimensional, donde los aspectos del individuo se integran en dimensiones psicométricas y neurobiológicas para realizar las descripciones categoriales y dimensionales de la personalidad y, a partir de ello, reformular los estudios con la creación de un nuevo modelo de la personalidad (Arroyo y Roca, 1998).

Clonniger, junto con sus colaboradores Siever y Davis (1993), propone un Modelo Tetradimensional de la Personalidad construido sobre los ejes de la genética y la biología, que coinciden con los ejes clínicos que giran sobre los trastornos de personalidad (Arroyo y Roca, 1998). Este Modelo es el que se toma como base para esta investigación teórica, ya que tiene en cuenta los factores que afectan la continua interacción del individuo, haciendo énfasis en el factor disposicional de la biología sobre los diferentes escenarios. Sin embargo, se hace necesario el entendimiento de la personalidad desde la psicología, como constructo esencial del estudio de dicha disciplina, y desde lo social como elemento que diferencia al individuo del resto de las personas, en el proceso de socialización.

Trastornos de personalidad

Pichot, et al. (1995) presentan algunos de los criterios que se deben tener en cuenta para un trastorno de la personalidad. Los define como un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento, que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, estando presente en una, dos o más áreas de las que se mencionan a continuación: cognición (por ejemplo, formas de interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos); afectividad (por ejemplo, la gama, la intensidad, la labilidad y la adecuación de la respuesta emocional); actividad interpersonal y control de los impulsos.

Autores como Kaplan, Sadok y Grebb, (1994) presentan enfoques complementarios a los que se han mencionado pero, en este punto, al referenciar aquellas definiciones y planteamientos que se relacionan de manera directa con los trastornos de la personalidad como tal. Es entonces cuando estos autores hacen mención a la agrupación que el DSM-IV (Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) le da a los trastornos de la personalidad, los cuales se dividen en la personalidad paranoide, la esquizoide y la esquizotípica. Las anteriores pertenecen a la agrupación del grupo A. Las del B incluyen los trastornos de la personalidad antisocial, borderline, histriónica y narcisista, teniendo así en las personas que las padecen comportamientos con inclinación al dramatismo, a la emotividad y a conductas erráticas. El grupo C comprende los trastornos de la personalidad por evitación, por dependencia y el obsesivo-compulsivo, y una categoría denominada trastorno de la personalidad no especificado, en la cual las personas suelen ser ansiosas y temerosas.

En síntesis, el lugar que ocupan los trastornos de la personalidad en este contexto se presentan de tal manera que obligan a que el patrón sea estable, inflexible y manifestable en una amplia gama de situaciones sociales y personales, no limitados a episodios concretos. Además, los rasgos de la personalidad causan incapacidad funcional significativa, social o laboral y, de la misma forma, sus manifestaciones se reconocen en la adolescencia o antes de la edad adulta, continúan a lo largo de la adultez y, a veces, se hacen menos patentes o se atenúan en la edad intermedia o avanzada (Arroyo y Roca, 1998).

Hasta el momento se ha identificado la clasificación que se ha intentado dar a los trastornos de personalidad, en el DSM-IV, herramienta esencial de la psicopatología. Siendo el interés de este artículo el Trastorno de Personalidad Antisocial (TAP), a continuación se realizará su descripción.


Trastorno de identidad disociativo (trastorno de personalidad múltiple):


El trastorno de identidad disociativo (trastorno de personalidad múltiple) se manifiesta a través de numerosos síntomas. La característica común de las diferentes formas de manifestarse es que existen 2 o más (en ocasiones hasta 100) identidades o personalidades diferentes en una persona (personalidad múltiple). En un trastorno de identidad disociativo aparecen de media entre 8 y 10 identidades parciales. De estas, al menos 2 asumen en reiteradas ocasiones el control del comportamiento.

La persona que asume la gran parte de la vida cotidiana en un trastorno de identidad disociativo se denomina host (del inglés: huésped) y las personalidades parciales alters (derivado del inglés: alternate, en el sentido de: distinto, transformado).

El trastorno de identidad disociativo conlleva vacíos de memoria. El host solo es consciente en parte de las otras personalidades, de manera que tampoco recuerda sus actos. Muchos afectados no saben, en ocasiones, cómo han llegado al lugar en que se encuentran, quien es la persona a la que han saludado o quien ha escrito la lista de la compra que hay en su mesa.

Las diferentes identidades características de un trastorno de identidad disociativo se diferencian, casi siempre, con claridad. Tienen nombres, gustos y comportamientos diferentes. También muestran diferencias psicológicas. Así, por ejemplo, una personalidad parcial puede ser alérgica a una sustancia y la otra no. Las particularidades del carácter de los alters son, a menudo, opuestas a las del host. La medida en que las diferentes identidades cooperan mutuamente en un trastorno de identidad disociativo (es decir, tienen acceso mutuo a los recuerdos y acciones y pueden coordinar el cambio de las personalidades parciales) es diferente en cada afectado.

Si existe un trastorno de identidad disociativo, a menudo aparecen también los siguientes síntomas:

Depresiones
Imágenes de recuerdos de experiencias traumáticas (flashbacks) cuyo desencadenante son, a menudo, estímulos aparentemente neutrales (por este motivo, es habitual que en los textos sobre el trastorno de identidad disociativo las palabras que constituyen un posible estímulo aparecen marcadas con asteriscos, como por ejemplo, en: maltrato sexual).
Miedos
Episodios de automutilación e intentos de suicidio
Agresiones
Dolor de cabeza
Abuso de alcohol o drogas
Trastornos alimenticios
Comportamiento obsesivo compulsivo
Percepción de voces (de las otras personalidades)

Causas

El trastorno de identidad disociativa es un mecanismo de defensa para poder sobrellevar el dolor y el miedo provocado por un abuso repetido durante la infancia, casi siempre en forma de abuso sexual, perpetrado de un modo impredecible por uno los padres u otro miembro de la familia, que en otros momentos se encarga también de atender y cuidar al niño. El trastorno en más grave en aquellos niños cuyo padre o madre (u otro miembro de la familia), además de abusar sexualmente de ellos, es capaz de ofrecerles amor y protección simultáneamente.

El adulto que realiza actos sexuales con un niño está cometiendo un tipo de abuso, aunque no utilice la violencia o coerción física. Por desgracia, la persona que abusa de ese niño o niña puede ser también la persona que lo cuida y le muestra afecto en otras ocasiones, de manera que el niño se encuentra en una situación totalmente impredecible de expresión de amor alternando con abuso sexual y, posiblemente, otros tipos de maltrato. Cuando este estado resulta abrumador, se alzan las defensas psíquicas en forma de disociación.

No todas las personas son capaces de disociar, pero aquellas que nacen con un capacidad innata para hacerlo, suelen responder de este modo ante el abuso continuado, como un modo de escapar de él. La persona capaz de disociar suele ser artísticamente creativa y con una capacidad alta para ser hipnotizada.
 
Por tanto, para que aparezca el trastorno han de darse las siguientes características:

       Que la víctima tenga una predisposición psicobiológica para disociar como mecanismo de defensa.
       Que suceda un acontecimiento traumático que desencadene la disociación.
       Que sucedan traumas repetidos que encadenen las diversas disociaciones en una nueva identidad.

Es decir, no todas las personas que han tenido un episodio disociativo como respuesta a un trauma desarrollan un trastorno de identidad disociativo. Para ello es necesario que el trauma sea repetido a lo largo del tiempo.

La persona que no tiene capacidad para disociar y es víctima de abuso severo y repetido puede desarrollar un trastorno de estrés postraumático (TEPT), depresiones repetidas, con ideación suicida o psicosis. El TEPT suele ser la respuesta a un incidente único de abuso. La depresión recurrente y la conducta suicida son con frecuencia indicios de abuso sexual recurrente en niños, adolescentes y, en ocasiones, adultos.



Criterios para el diagnóstico de F44.81 Trastorno de identidad disociativo:

§  La presencia de dos o más identidades o personalidades distintas (cada una con su propia y perdurable forma de percibir, relacionarse y pensar sobre sí misma y el mundo que le rodea).
§  Al menos dos identidades o estados de personalidad toman el control de forma recurrente sobre la conducta de la persona.
§  Existe una incapacidad para recuperar de la memoria información personal importante y demasiado extensa para poder ser explicada en términos de un simple olvido.
§  El trastorno no es debido a los efectos fisiológicos directos de una droga (por ejemplo, conducta caótica o mente en blanco durante una intoxicación alcohólica) o a una enfermedad orgánica (por ejemplo, crisis parciales complejas).


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Personalidad paranoide: La característica esencial de este trastorno es un patrón de desconfianza y suspicacia general hacia los otros, de forma que las intenciones de estos son interpretadas como maliciosas. Este patrón empieza al principio de la edad adulta y aparece en diversos contextos (DSM-IV).
 Los individuos con trastorno paranoide de la personalidad piensan que los demás se van a aprovechar de ellos. Si alguien, por ejemplo, saluda a una persona con este problema, inmediatamente éste pensará que el que le saluda "quiere o trama algo". Tienen dudas injustificadas sobre la "lealtad" de sus amigos o la fidelidad de su pareja, y les cuesta aceptar que se equivocan. Aparentan ser fríos, pero en realidad sólo es un intento de evitar que los demás conozcan sus puntos débiles y puedan aprovecharse de ello; son muy rencorosos, y nunca olvidan un insulto o una crítica.
Las personas paranoides tienen escasas relaciones sociales, en parte por su desconfianza hacia las personas, pero también se debe a que suelen provocar rechazo en los demás, debido a su comportamiento hostil. De todos modos, se desenvuelven muy bien en la vida, ya que no les gusta que otros se ocupen de sus asuntos.
 Síntomas:
Sospecha, sin base suficiente, que los demás se van a aprovechar de ellos, les van a hacer daño o les van a engañar.
Preocupación por dudas no justificadas acerca de la lealtad o la fidelidad de los amigos y socios.
En las observaciones o los hechos más inocentes vislumbra significados ocultos que son degradantes o amenazadores.
Alberga rencores durante mucho tiempo, por ejemplo, no olvida los insultos, injurias o desprecios.
Percibe ataques a su persona o a su reputación que no son aparentes para los demás y está predispuesto a reaccionar con ira o a contraatacar.
Sospecha repetida e injustificadamente que su cónyuge o su pareja le es infiel.
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Trastorno esquizoide de la personalidad: El trastorno esquizoide de la personalidad (TEP) está englobado dentro del grupo A de los trastornos de la personalidad. Los individuos que lo padecen se caracterizan por la falta de interés en relacionarse socialmente y por una restricción de la expresión emocional. Puede aparecer durante la infancia o la adolescencia, aunque se suele diagnosticar en la edad adulta. Su prevalencia se estima en menos del 1% de la población. Es distinto de la esquizofrenia, aunque tienen puntos en común.
Los criterios DSM IV para el trastorno esquizoide de la personalidad son:
 Un patrón general de distanciamiento de las relaciones sociales y de restricción de la expresión emocional en el plano interpersonal, que comienza al principio de la edad adulta y se da en diversos contextos, como lo indican cuatro (o más) de los siguientes puntos:
Ni desea ni disfruta de las relaciones personales, incluido el formar parte de una familia.
Escoge casi siempre actividades solitarias.
Tiene escaso o ningún interés en tener experiencias sexuales con otra persona.
Disfruta con pocas o ninguna actividad.
No tiene amigos íntimos o personas de confianza, aparte de los familiares de primer grado.
Se muestra indiferente a los halagos o las críticas de los demás.
Muestra frialdad emocional, distanciamiento o aplanamiento de la afectividad
Estas características no aparecen exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia, un trastorno del estado de ánimo con síntomas psicóticos u otro trastorno psicótico y no son debidas a los efectos fisiológicos directos de una enfermedad médica.
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Trastorno esquizotípico de la personalidad: Es un padecimiento de salud mental en el cual una persona tiene dificultad con las relaciones interpersonales y alteraciones en los patrones de pensamiento, apariencia y comportamiento.
Causas
La causa exacta del trastorno esquizotípico de la personalidad se desconoce. Se cree que los genes están involucrados, debido a que esta afección es más común en familiares de esquizofrénicos.
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Síntomas
El trastorno esquizotípico de la personalidad no se debe confundir con la esquizofrenia. Las personas con el trastorno esquizotípico de la personalidad pueden tener creencias y comportamientos raros, pero, a diferencia de las personas con esquizofrenia, no están desconectados de la realidad y por lo general no tienen alucinaciones. Asimismo, tampoco tienen delirios.

Las personas con el trastorno esquizotípico de la personalidad pueden estar muy perturbadas. Por ejemplo, también pueden tener preocupaciones o miedos inusuales, como el miedo a ser vigiladas por las agencias gubernamentales.
Más comúnmente, las personas con este trastorno se comportan de forma extraña y tienen creencias inusuales (por ejemplo, en extraterrestres). Se aferran a estas creencias tan fuertemente que tienen dificultad para establecer y mantener relaciones cercanas.
Las personas con este trastorno también pueden tener depresión. Un segundo trastorno de la personalidad, como el trastorno de la personalidad paranoica, también es común.
Los signos comunes del trastorno esquizotípico de la personalidad son: 
  • Incomodidad en situaciones sociales
  • Manifestación inapropiada de sentimientos
  • Ausencia de amigos cercanos
  • Comportamiento o apariencia extraños
  • Creencias, fantasías o preocupaciones extrañas
  • Discurso extraño
Pruebas y exámenes
El trastorno esquizotípico de la personalidad se diagnostica con base en la valoración psicológica que evalúa los antecedentes y la gravedad de los síntomas.
Tratamiento
La psicoterapia es una parte importante del tratamiento. La orientación en destrezas sociales les puede ayudar a algunas personas a hacerle frente a situaciones de la vida social. Los medicamentos también pueden ser un agregado útil.
Trastorno narcisista de la personalidad: Un patrón general de grandiosidad (en la imaginación o en el comportamiento), una necesidad de admiración y una falta de empatía, que empiezan al principio de la edad adulta y que se dan en diversos contextos como lo indican cinco (o más) de los siguientes ítems:1
1.   Tiene un grandioso sentido de auto importancia (p. ej., exagera los logros y capacidades, espera ser reconocido como superior, sin unos logros proporcionados).
2.   Está preocupado por fantasías de éxito ilimitado, poder, brillantez, belleza o amor imaginarios.
3.   Cree que es "especial" y único y que sólo puede ser comprendido por, o sólo puede relacionarse con otras personas (o instituciones) que son especiales o de alto estatus.
4.   Exige una admiración excesiva.
5.   Es muy pretencioso, por ejemplo, expectativas irrazonables de recibir un trato de favor especial o de que se cumplan automáticamente sus expectativas.
6.   Es interpersonalmente explotador, por ejemplo, saca provecho de los demás para alcanzar sus propias metas.
7.   Carece de empatía: es reacio a reconocer o identificarse con los sentimientos y necesidades de los demás.
8.   Frecuentemente envidia a los demás o cree que los demás le envidian a él.
9.   Presenta comportamientos o actitudes arrogantes o soberbias.
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Bipolaridad: El trastorno bipolar, también conocido como trastorno afectivo bipolar (TAB) y antiguamente como psicosis maníaco-depresiva (PMD), es el diagnóstico psiquiátrico que describe un trastorno del estado de ánimo caracterizado por la presencia de uno o más episodios con niveles anormalmente elevados de energía, cognición y del estado de ánimo. Clínicamente se refleja en estados de manía o, en casos más leves, hipomanía junto con episodios alternantes de depresión, de tal manera que el afectado suele oscilar entre la alegría y la tristeza de una manera mucho más extrema que las personas que no padecen esta patología.
Por lo general tiene expresión por un desequilibrio electroquímico en los neurotransmisores cerebrales. Adicionalmente, debido a las características del trastorno bipolar, los individuos tienen más riesgo de mortalidad por accidentes y por causas naturales como las enfermedades cardiovasculares. A pesar de ser considerado un trastorno crónico y con una alta morbilidad y mortalidad, una atención integral que aborde todos los aspectos implicados: biológicos, psicológicos y sociales, puede conseguir la remisión total de las crisis, de ahí la gran importancia de que el diagnóstico del afectado sea correcto.
El elemento básico para el tratamiento del trastorno bipolar es la toma de conciencia del problema, su conocimiento por parte del afectado y sus allegados mediante una psico educación adecuada que les permita hacer frente a las crisis sin temores infundados y con las herramientas más válidas; así como prevenir las recaídas. La terapia farmacológica personalizada, especialmente durante las fases de desequilibrio, es otra de las claves. 
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Los patrones de cambios del estado de ánimo pueden ser cíclicos, comenzando a menudo con una manía que termina en una depresión profunda. En ocasiones pueden predominar los episodios maníacos o los depresivos. Algunos de estos trastornos se denominan 'de ciclado rápido' porque el estado de ánimo puede cambiar varias veces en un período muy breve de tiempo.






CONCLUSIONES:

Hasta este punto se ha abordado este trastorno de identidad respecto a sus causas, síntomas, definición y diagnostico, lo cual ha mejorado el entendimiento de esta alteración. Pero hay que tener en cuenta que la etiología de este trastorno no es lo suficientemente específica aún, y quizás nunca logre serlo, pero está asociada principalmente a traumas infantiles, en especial, del tipo de las agresiones sexuales, así como también diversos estudios sugieren que este trastorno es más frecuente en los parientes de primer grado de los individuos que lo padecen que en la población en general. Esta patología se diagnostica 3 a 9 veces más frecuentemente en las mujeres que en los hombres, y son estas quienes tienden a presentar más identidades en comparación al género masculino.


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